El tiempo, el ser, la mente, el yo. No se me puede hablar de ello, y mucho menos en una noche de fiesta.
Ahora aquí estoy, pensando en esa lucha entre el la mente y el ser. La envidia, el odio, los prejuicios, incluso los principios, tienen lugar en la mente y sólo en la mente.
Ahora bien, si nos liberamos de la mente y descubrimos que nuestro auténtico ser es un ser despreciable, ¿qué se supone que debemos hacer?
El hombre no es bueno o malo por naturaleza, el hombre se forja, se hace a sí mismo. Por otra parte, lo que haya en la mente no sólo depende de uno mismo, sino de la época, las influencias externas, la política, la tele, la situación personal de cada uno. Nosotros no hemos creado nuestra mente, ha sido creada al antojo de los que están arriba, los que de verdad controlan tus pensamientos, te ofrecen la información como a ellos se les antoja, como ellos quieren que la veas, te imponen unas doctrinas desde pequeño y no te dan la opción de pensar por ti mismo, descubrir el mundo a tu manera.
De una forma u otra, todo esto son pensamientos al azar que rondan mi cabeza una tarde de sábado, y si sigo dándole al coco, creo que me voy a marear.