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viernes, 26 de noviembre de 2010

screaming underneath


y desde el estómago hasta el exterior,
y me cierra la garganta,
y el cielo se convierte en un remolino de nubes,
y se me pierde el horizonte entre tanto,
y me cierro la puerta al paraíso,
y me convierto en un esqueleto
y me consumo entre tanto,
y siento que nadie puede escucharlo.

y me rompo las manos contra mi propia cara,
y me fumo hasta las uñas,
y me acuesto y me levanto,
y me rompo la cabeza de tanto odiarme,
y me fumo y me esfumo,
y me acuesto y no me vuelvo a levantar,

y desapareceré bajo estas sábanas,
y nadie me querrá despertar.

lunes, 23 de marzo de 2009

Yo

Fuiste esa causa perdida, ese error incorregible, aquéllo que ''oh dios, no debería haber hecho''.
Aunque realmente, la verdad queda bastante lejos de todo esto.
Verás, soy una persona. Una chica. Dieciocho años. No soy alta, ni extremada mente baja. Morena. Ojos pardos. Con manos y pies pequeños. No estoy gorda, pero tampoco estoy flaca. Me gustan las cosas simples. Música, cine, cerveza y perderme es lo que me gusta hacer, aunque lo que mejor se me da es dormir. Piscis es mi signo zodiacal. 23 es mi número. Me dan miedo las alturas, la oscuridad, los insectos, los espacios abiertos y la gente. No tengo planes de futuro. No quiero hacer nada grande, ni encontrar la fama, tan solo pasar desapercibida. No suelo actuar sin pensar antes dos veces, aunque muchas veces es inevitable tener impulsos. No me gusta correr, a no ser que sea imprescindible, tampoco me gusta el viento ni la gente que grita demasiado. No me gusta que me mientan ni que me miren a los ojos prolongadamente. No me considero una persona extraordinaria, pero tampoco demasiado corriente. Nunca hablo de mí misma, no creo que sea un tema apasionante, ni siquiera interesante.
No tengo demasiados amigos, pero los que hay son suficiente, incluso demasiado para mí.
Cuando duermo sola tengo frío, y cuando me despierto me gusta estar acostada en la cama, mirando al techo, unos minutos antes de levantarme.
No suelo estar triste, pero tampoco soy feliz.
Al fin y al cabo... ¿alguien lo es al cien por cien?

martes, 17 de marzo de 2009

*




Estoy cansada de tener que recordar cómo se perdió el tapón de mi alma, como se vació, y cómo después lo pusieron otra vez para no volver a llenarla.


Con sudor, sangre, decepciones, disgustos y alguna que otra alegría, quité el tapón nuevamente, y poco a poco fui llenándola de nuevo; eso sí, con un ojo delante y otro detrás. Me ha costado, pero me he dejado llenar, a pesar de todo.


Decidí perder el miedo y la vergüenza, me dejé embriagar por mi aroma, por su aroma, por el aroma de los bares, las calles y la gente... porque la vida no hay que vivirla con miedo, con miedo al dolor o al fracaso. La vida hay que vivirla, sin pensar en lo malo que pueda llegar, si no, no se disfruta. Es por ese motivo por el que dejé de sentir ese miedo, porque quería vivir.




Todo esto son dos días, y vamos a acabar todos en el mismo sitio. Así que...


mejor aprovecharlo. ¿No?